6/14/2006

Las dos vistas del Franz Mayer


Uno de los museos que ha conseguido mayor presencia en los últimos años, lo es el Franz Mayer. Un acertado programa de exhibiciones temporales, la recepción continuada de la World Press Photo y un enfoque hacia públicos concretos, son algunas de las causas. Sin duda, ello le dibuja una identidad: es un espacio que toma al diseño industrial, a la arquitectura de interiores y la decoración como objetos museográficos, susceptibles de discurso. Sí, el Franz Mayer ofrece una vista atractiva, pero ¿qué sucede con aquella que deriva de la colección que le dio origen?
Resulta contrastante el atractivo que ejerce una con el aparente sigilo de la otra. Es probable que en un comparativo, las personas que asistan con la intención explícita de recorrer la exposición permanente sea menos de la mitad de las que visiten las exposiciones temporales. Podría incluso darse el supuesto de quien haya asistido a más de una de las últimas, y no conozca el resto del museo. Es indiscutible que el factor del tiempo determina el impacto y grado de convocatoria de una muestra, así como la pertinencia temática o las piezas presentadas. Sin embargo, ello no explica por sí mismo la disparidad respecto a la atención hacia ambos discursos, en particular cuando el enfoque dado a las muestras itinerantes, con el énfasis en el diseño, busca que “el público comprenda cuál fue la función de los objetos que conforman la colección del museo”,* según lo propone el equipo de investigación de la institución.
El museo fue creado a instancia del propio Franz Mayer, coleccionista alemán que decidió donar su colección a México, aunque no por la vía del estado. Inició funciones en 1986. Se define como un espacio para las artes aplicadas. El acervo incluye muebles, objetos decorativos, cerámica, textiles, orfebrería, pintura, escultura. Las piezas fueron resultado de la elección personal, el gusto y los valores que el ojo del coleccionista aplicó. Desde esta perspectiva, resulta un conjunto complejo para su disposición museográfica: sin duda le decía algo a Franz Mayer, pero ¿a los demás?
La necesidad de establecer un criterio “universal”, llevó a organizar los objetos bajo más de un eje, por pertenencia geográfica y por material. No puede decirse que prive uno sobre el otro, o que sean consecuentes; para determinada parte del discurso puede aplicar el primero, y luego, el segundo. Sin duda, ambos son válidos, mas la ausencia de coordinación entre ellos dibuja sobre las piezas la sensación de pertenecer a una serie de “cosas acumuladas”, antes que ofrecer una vía de interpretación para las mismas.
Porque si algo parece ausente en el discurso, es la mirada del coleccionista: ¿qué veía Franz Mayer en las cajitas de Olinalá, en las custodias y sagrarios, en las escribanías y tapices? ¿Cuáles eran sus criterios? ¿Cómo contemplaba él su colección?¿Por qué consideró importante que aquélla fuese abierta para el público, al grado de generar las instancias necesarias para esto? La propuesta actual del museo deja ver muy poco para el que tiene un conocimiento previo sobre Franz Mayer, y casi nada para los que se acercan sin mayor información que la que allí ofrecida.
También es cierto que las colecciones no están restringidas por una lectura única. La amplitud del acervo del Franz Mayer, permite muchas posibilidades. La historia del mueble podría llevar al problema del gusto y de la estética imperante en una determinada época; la observación de ciertas soluciones de diseño abrirían hacia las respuestas y esperanzas cifradas sobre la técnica o bien, respecto a su desencanto; el lujo en la talla y la decoración de objetos litúrgicos apuntarían hacia el contraste entre las estructuras de poder y las resistencias veladas hacia éstas. Y que decir de los relatos propios de cada objeto, las manos que han estado detrás de ellos.
A partir de este año, el museo inició una reestructuración del discurso de la exposición permanente. Ha decidido proponer dos ejes de lectura, uno centrado en la figura de Franz Mayer y el otro, en las artes decorativas. Se supone quede concluido para 2007. Habrá que esperar. Por lo pronto, restan las dos vistas del lugar: su atractivo creciente y el cansancio callado de unas piezas cuya fascinación se escapa.

* Cfr. Palapa Quijas, Fabiola; “Renovará el Franz Mayer el guión de sus exposiciones permanentes”, México, La Jornada, Cultura, 11 de enero de 2006.