2/19/2007

De detonaciones:


Bien, sí: el Eco busca ser un museo de vanguardia; sí, el Eco intenta provocar experiencias estéticas interviniendo el propio espacio y sus límites; sí, el Eco quiere recuperar la idea de experimentación con la cual fue concebido originalmente por Mathías Goeritz, allá en 1953. Sí, sí, sí; pero ¿qué significa novedad, qué sentido tiene la innovación, el experimento, cuando funciona de manera aislada, ajeno a su propia inserción dentro de un contexto sociocultural, de una comunidad, una calle? ¿De qué sirve si no se reconoce el peso de su institucionalidad?

Lo anterior deviene de lo sucedido hace dos semanas, en el que una acción estética (una detonación parte de una intervención sonora), terminó por abrir un conflicto entre el museo y los vecinos del mismo, quienes, al desconocer el proyecto, se llevaron un buen susto, con el consecuente enojo. La inconformidad ahondó todavía más tras un ríspido enfrentamiento con el director del Eco, Guillermo Santamarina, el cual no pudo colocarse en el lugar de los vecinos y defendió a ultranza la acción.

Podría alegarse que Santamarina estaba en lo justo, que su decisión tuvo como base el respeto por el trabajo creativo, y que su postura respondió a un acto de congruencia; sin embargo, ¿dónde queda el papel del museo? De acuerdo, para el Eco, como propuesta museística, se ha elaborado una intención ajena al "cliché" y los "lugares comunes"; mas si se concibe aquél como un espacio de intermediación y/o encuentro de la experiencia estética, éste debe considerar que ello implica a un tercero para el cual habrá de fungir como facilitador. Una relación de intermediación es, ante todo, un proceso comunicativo, cuya efectividad dependerá de la forma en cómo intervengan los involucrados en él. Al quedar fuera uno de los participantes, antes que entendimiento, existirá ruptura.

La presencia arquitectónica del Eco, fundamental para Goeritz y retomada en la nueva fase del espacio, implica que ésta es parte de una comunidad con ritmos propios. El Eco no sólo tiene carácter para los que lo visitan, sino para aquéllos que no son sus públicos, pero que se efrentan con él día a día. Lo sucedido abre de nuevo la discusión sobre los vínculos que los espacios museales tienen para con su entorno inmediato: ¿Qué representan dentro de éste? ¿Qué debate propone en él? Un diálogo ausente es falaz y en el caso del Eco, puede llevarlo a perder todo sonido.

Juicios instantáneos

Juicios instantáneos es el título de la exposición que alberga el museo Tamayo. De una manera simple, podría decirse que aquella reúne un muestra significativa de fotografía africana contemporánea, acorde con una propuesta curatorial ceñida a una idea de "arte global" a partir de una propuesta local, dentro de los lineamientos museográficos herederos del "cubo blanco". Podría decirse eso; sin embargo, cabe una mayor complejidad.La exposición refleja la mirada de lo exótico, lo que no está en las imágenes en sí, pese a que la mirada que se ejerce dentro de los muros del museo, oscile entre la "curiosidad" por lo extraño/extraordinario y la aprehensión racional de una "realidad", una identidad o una postura estética gracias al distanciamiento entre el observador y lo observado. El exotismo está en la serie de presupuestos que un tema, una ubicación geográfica, marcan: África y su halo de tierra negra, de pobreza y guerras intestinas; de colores chillantes frente a piel obscura; y que fijan una postura previa. Es interesante entonces, el choque que sobre la última puede tener, una propuesta a cargo de un curador nigeriano, Okwui Enwenzor, ya que si bien aquélla parte de un punto de vista particular, el mismo deriva de su relación directa con el contexto sociocultural africano. Es pues un relato que se asume desde adentro, y al cual vale oponer los absurdos de los jucios heredados.
Juicios instantáneos: nuevas posturas en la fotografía africana contemporánea
Museo Tamayo Arte Contemporáneo
Martes a domingo 10:00- 18:00 hrs.
(Domingo entrada libre)