1/18/2007

Más allá de la Megapantalla


Según recoge la prensa el día de hoy, el titular del CONACULTA, Sergio Vela, afirmó una vinculación más estrecha entre el organismo a su cargo y el Papalote (Museo del niño). Por lo que la nota deja ver, no se trataría de una colaboración de índole económica, sino de un intercambio a nivel de programas. A decir de Vela, el museo ha conseguido cubrir "un hueco: el tema infantil, del que era necesario que alguien se ocupara". De igual manera consideró que esto representaría "una (...) muestra de la posible colaboración entre instituciones públicas y privadas."1 Aunque la mención podría ser considerada como una "buena noticia", hay varios aspectos alrededor que sería conveniente destacar.
En primer lugar, el carácter mismo del Papalote: ¿puede pensarse éste como un museo? Hay posturas encontradas. A su favor, se argumenta la intención de aquél por propiciar experiencias educativas y el desarrollo de conceptos a través del empleo de elementos interactivos y tecnológicos; así como la preocupación dentro de su equipo de trabajo, por una profesionalización museológica, lo cual es notorio en iniciativas recientes. En contra, se menciona que el diseño de las exhibiciones en realidad no propone un discurso museológico/museográfico, sino que toma el referente de los museos de ciencia y tecnología, con poca reflexión, y lo convierte en un medio para mantener "entretenidos" a los niños. La discusión no puede ignorarse, puesto que si es verdad que habrá una cooperación de programas, será necesario una revisión a profundidad de lo que el Papalote propone.
Por otro lado, el lugar que el Papalote posee en la esfera pública, se debe en gran medida a su origen. Es una iniciativa que partió de Marinela Servitje, hija de Lorenzo Sevitje, dueño de "Bimbo" y uno de los empresarios más influyentes de México. Sin duda, el apellido pesa para conseguir facilidades y patrocinios. De igual forma, el ser una institución privada le permite autonomía en la gestión de recursos; cosa bastante lejana a los museos del INAH o del INBA.
Un gran acierto del Papalote fue la definición de su público -los niños-, pero ello no significa que haya sido la única propuesta dirigida a ese sector. Más allá de los programas infantiles del CONACULTA o de los servicios educativos de otros espacios museales, existen propuestas independientes, arriesgadas con igual interés. Una de ellas, ubicada en Santa Ana del Valle, Oaxaca, es El Museo Regional del niño, Liiz de Viniñn. Es otro museo del niño. El proyecto, activo desde el 2002 y a cargo de Ana Bedolla, tiene como base la reflexión museológica despertada por los museos comunitarios de dicha entidad. Busca conformar una experiencia museal mediante el involucramiento directo de sus públicos y no por el despliegue de tecnología de punta: los niños plantean los problemas y temas que les gustaría ver en su museo, participan en la investigación, en la selección de objetos y el diseño de las exhibiciones. ¿No es esto inmensamente atractivo, sobre todo cuando se avizora un presupuesto de cultura bastante mermado y cuando la mayor parte de la población del país vive bajo índices de pobreza?
¿Y que decir de La Vaca independiente cuyo compromiso con los niños traduce en un trabajo enfocado en al educación a través del arte? ¿No podría aportar también elementos valiosos al CONACULTA? ¿No se podría establecer un vínculo con la red de museos del país?
Qué bueno que haya iniciativas de cooperación, qué bueno que el papel de los museos sea revalorado, qué bueno que haya disposición institucional. Ojalá, la misma consiga ver por encima de las megapantallas, las luces y el contexto colorido. Ojalá que el entusiasmo del CONACULTA alcance a aquellas propuestas quizá no tan deslumbrantes externamente, pero sin duda, brillantes, comprometidas y decididas.



1 MacMasters, Merry; "Anuncia el CNCA mayor apoyo al museo Papalote", México, La Jornada, Cultura, 18/01/2007, p. 6a.

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