
Rutas erradas o una mala broma para los museos: al menos, es lo que puede decirse del equivocadamente llamado Museo del transporte de Xalapa, el cual nunca ha funcionado coma tal ni parece haber asomo de que llegue a hacerlo. Eso sí, se levanta impactante a ras de la carretera; impresiona con su arquitectura, disponible para el que deseé verla, mientras el patronato centrado a su alrededor anuncia una importante remodelación...Preguntarse si el museo de ha deteriorado por tanto uso, parece una pregunta justa.
Mas tras la duda, lo que resulta es una mueca disconforme, pues es curioso que sea propuesto un plan de dicha índole para un espacio de apenas tres años de vida; mismo que jamás ha abierto al público sus puertas. Esta falta de correspondencia aumenta cuando se considera la situación de otras instituciones museísticas, las cuales se ven sujetas a los problemas de falta de presupuesto, mal equipamiento museográfico, inercias administrativas y equipos de trabajo que ajustan constantemente sus funciones con tal de presentar una labor curatorial seria. Se trata de espacios que lidian con la manera idónea de conservar y presentar sus colecciones, ingeniando soluciones para ello, a sabiendas que no cuentan con deshumidificadores o los recursos para implementar condiciones de iluminación adecuadas; se trata des espacios conformados por investigadores que son museógrafos, administradores, directores, montadores y custodios; espacios que no se pueden dar el lujo de una campaña de medios e implementan otros mecanismos de difusión; espacios para los que cumplir con la definición estándar de lo que es el museo, una “institución no lucrativa de carácter público, al servicio de la sociedad y su desarrollo, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe para fines de estudio, educación y deleite, testimonios materiales del hombre y su entorno”,[1] se antoja como algo en verdad titánico.
Por otra parte, cabe preguntarse sobre la supuesta colección resguardada por el Museo del transporte, la cual, en teoría, era parte del Museo de Ciencia y Tecnología, conocido ahora como MIX: ¿bajo qué relación está estructurada- préstamo, donación o comodato? ¿De dónde salen los recursos para su mantenimiento? ¿Quiénes son los beneficiarios? ¿Por qué si son bien público, no están al alcance de éste?
Lo anterior es de llamar la atención, pero no es lo más. El punto álgido recae en la discusión respecto a la pertinencia y función social de las instituciones museísticas, el por qué de su existencia y la incidencia sobre la comunidad que lo rodea.[2] En el caso particular del espacio citado, pareciera que el término museo fuese un mero juego, una serie de letras susceptible de acomodar a placer con tal de justificar un despliegue de recursos financieros necesarios de auditar: ¡pongámosle museo y asunto arreglado, así habrán de dejar por la paz al elefante blanco! Flaco favor se hace a la imagen social de estas instituciones, las cuales tienen de por sí, numerosas preguntas respecto al papel que desempeñan, su origen y la racionalidad de su discurso; y cuanto demérito se hace de la profesión museal.
Dígase ya, sin máscaras ni vergüenzas: el Museo del transporte de Xalapa NO es un museo. Quítenle el nombre y colóquenle el que le corresponde; ese que se avizora en los objetivos y propósitos del plan de renovación –una ciclopista, pista para go-kart, áreas recreativas, entre otras cosas: un espacio de entretenimiento, un centro de diversiones. No tiene nada de malo. Quizá lo único complicado sería que al llamar a las cosas por su nombre; se tendría que empezar también a poner en claro el manejo de los recursos financieros, el cómo serán asignados y administrados. Y aunque para la mayoría sería lo justo, tal vez para otros resultará un desvelo muy doloroso.
[1] UNESCO/ICOM, Estatutos del ICOM, htpp://icom.museum/statutes.html, p.1. (El ICOM es el Consejo Internacional de Museos. Fue creado en 1947. Este organismo tiene como intención constituir un eje regulador de la práctica museológica, al estipular una serie de principios, pautas y marcos de acción para los museos.
[2] Una bibliografía básica a consultar: Alonso Fernández, Museología y Museografía, Barcelona, Ediciones del Serbal, Cultura Artística, no. 16, 1999; Hernández, Francisca; Manual de Museología, Madrid, Ed. Síntesis, 1998; Bazin, G; The museum age, USA, Universe Books, 1967; Hooper- Grenhill, Eliean, Museums and the shaping of knowledge, Londres/ N.Y., Routledge, The Heritage, 1992, Morales Moreno, Luis Gerardo (Coord.) Cuicuilco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología, vol. 3, no. 7, México, ENAH/ INAH, mayo/ ago., 1996/ Orígenes de la museología mexicana. Fuentes para el estudio histórico del Museo Nacional, 1780-1940, México, Universidad Iberoamericana, 1994; Bonfil Castro, Ramon et.al., Memorias del simposio: Patrimonio, Museo y Participación social, México, INAH/CONACULTA, 1990; Félix, Fernando (coord.), Tercer curso Interamericano de capacitación museográfica. Antología, México, INAH, 1993; Greenberg; Fergurson; Nairne (coomp.); Thinking about exhibitions, Londres, Routledge, 1996; Riviére, George Henri; La museología. Curso de museología/ Textos y testimonios, Madrid, Akal, 1993; Vergo, Peter (Ed.); The New Museology, Londres, Reaktion Books, 1989; Bennet, Tony, The birth of the museum, Londres/Canadá, Routledge, 1995; Sandell, Richard (Ed.); Museums, Society, Inequality, Londres/ N.Y; Routledge, Museums meanings, 2002.
Mas tras la duda, lo que resulta es una mueca disconforme, pues es curioso que sea propuesto un plan de dicha índole para un espacio de apenas tres años de vida; mismo que jamás ha abierto al público sus puertas. Esta falta de correspondencia aumenta cuando se considera la situación de otras instituciones museísticas, las cuales se ven sujetas a los problemas de falta de presupuesto, mal equipamiento museográfico, inercias administrativas y equipos de trabajo que ajustan constantemente sus funciones con tal de presentar una labor curatorial seria. Se trata de espacios que lidian con la manera idónea de conservar y presentar sus colecciones, ingeniando soluciones para ello, a sabiendas que no cuentan con deshumidificadores o los recursos para implementar condiciones de iluminación adecuadas; se trata des espacios conformados por investigadores que son museógrafos, administradores, directores, montadores y custodios; espacios que no se pueden dar el lujo de una campaña de medios e implementan otros mecanismos de difusión; espacios para los que cumplir con la definición estándar de lo que es el museo, una “institución no lucrativa de carácter público, al servicio de la sociedad y su desarrollo, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe para fines de estudio, educación y deleite, testimonios materiales del hombre y su entorno”,[1] se antoja como algo en verdad titánico.
Por otra parte, cabe preguntarse sobre la supuesta colección resguardada por el Museo del transporte, la cual, en teoría, era parte del Museo de Ciencia y Tecnología, conocido ahora como MIX: ¿bajo qué relación está estructurada- préstamo, donación o comodato? ¿De dónde salen los recursos para su mantenimiento? ¿Quiénes son los beneficiarios? ¿Por qué si son bien público, no están al alcance de éste?
Lo anterior es de llamar la atención, pero no es lo más. El punto álgido recae en la discusión respecto a la pertinencia y función social de las instituciones museísticas, el por qué de su existencia y la incidencia sobre la comunidad que lo rodea.[2] En el caso particular del espacio citado, pareciera que el término museo fuese un mero juego, una serie de letras susceptible de acomodar a placer con tal de justificar un despliegue de recursos financieros necesarios de auditar: ¡pongámosle museo y asunto arreglado, así habrán de dejar por la paz al elefante blanco! Flaco favor se hace a la imagen social de estas instituciones, las cuales tienen de por sí, numerosas preguntas respecto al papel que desempeñan, su origen y la racionalidad de su discurso; y cuanto demérito se hace de la profesión museal.
Dígase ya, sin máscaras ni vergüenzas: el Museo del transporte de Xalapa NO es un museo. Quítenle el nombre y colóquenle el que le corresponde; ese que se avizora en los objetivos y propósitos del plan de renovación –una ciclopista, pista para go-kart, áreas recreativas, entre otras cosas: un espacio de entretenimiento, un centro de diversiones. No tiene nada de malo. Quizá lo único complicado sería que al llamar a las cosas por su nombre; se tendría que empezar también a poner en claro el manejo de los recursos financieros, el cómo serán asignados y administrados. Y aunque para la mayoría sería lo justo, tal vez para otros resultará un desvelo muy doloroso.
[1] UNESCO/ICOM, Estatutos del ICOM, htpp://icom.museum/statutes.html, p.1. (El ICOM es el Consejo Internacional de Museos. Fue creado en 1947. Este organismo tiene como intención constituir un eje regulador de la práctica museológica, al estipular una serie de principios, pautas y marcos de acción para los museos.
[2] Una bibliografía básica a consultar: Alonso Fernández, Museología y Museografía, Barcelona, Ediciones del Serbal, Cultura Artística, no. 16, 1999; Hernández, Francisca; Manual de Museología, Madrid, Ed. Síntesis, 1998; Bazin, G; The museum age, USA, Universe Books, 1967; Hooper- Grenhill, Eliean, Museums and the shaping of knowledge, Londres/ N.Y., Routledge, The Heritage, 1992, Morales Moreno, Luis Gerardo (Coord.) Cuicuilco. Revista de la Escuela Nacional de Antropología, vol. 3, no. 7, México, ENAH/ INAH, mayo/ ago., 1996/ Orígenes de la museología mexicana. Fuentes para el estudio histórico del Museo Nacional, 1780-1940, México, Universidad Iberoamericana, 1994; Bonfil Castro, Ramon et.al., Memorias del simposio: Patrimonio, Museo y Participación social, México, INAH/CONACULTA, 1990; Félix, Fernando (coord.), Tercer curso Interamericano de capacitación museográfica. Antología, México, INAH, 1993; Greenberg; Fergurson; Nairne (coomp.); Thinking about exhibitions, Londres, Routledge, 1996; Riviére, George Henri; La museología. Curso de museología/ Textos y testimonios, Madrid, Akal, 1993; Vergo, Peter (Ed.); The New Museology, Londres, Reaktion Books, 1989; Bennet, Tony, The birth of the museum, Londres/Canadá, Routledge, 1995; Sandell, Richard (Ed.); Museums, Society, Inequality, Londres/ N.Y; Routledge, Museums meanings, 2002.
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